27 oct. 2011

Si lo vieras, flaco

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Cómo me gustaría que lo vieras, flaco. Los miles y miles de jóvenes bailando y cantando en la plaza que más te gustaba. Nuestra plaza. La increíble avalancha de votos a Cristina. Tu nombre florecido en cada boca, sostenido en cada V de la victoria. Dibujado en cada inocente cartulina azul con letras blancas. Pintado en las alegres banderas de los pibes de la militancia, esa que nació con vos, porque no les mentiste, porque no los convocaste con palabras vacías sino con la fuerza y la pureza de los hechos verdaderos.

Cómo me gustaría, flaco, que vieras las caras de los Hijos, los ojos de las Madres, la satisfacción de un pueblo después de la condena a los asesinos de la ESMA. Tuvieron un juicio, pudieron defenderse y aunque pasaron 30 años no importa flaco, ya está, se hizo justicia como vos querías. Como todos queríamos.

Cómo me gustaría, flaco querido, después de un año de no verte, después de tantas lágrimas y tanto dolor, que la vieras a Cristina. Un cuadrazo. Reelegida con el 54% de los votos. No lo creerías. O sí, qué se yo. Seguro que estarías contento como todos nosotros. Porque la amabas y admirabas desde mucho antes que la empiecen a amar y admirar millones.

Soy un ateo de mierda, flaco, no creo ni ahí en dioses y otras vidas, pero con vos voy a hacer una excepción. Me gustaría creer que estás en algún lado, flaco. Que nos estás mirando, que estás feliz por lo que está pasando, que estás entre nosotros. Que te acercás con una sonrisa jubilosa y abriendo de par en par tus brazos compañeros me mirás y abrazás, justo a mí, que soy un don nadie, y me decís cerquita de la oreja no me morí, vivo en el pueblo, la puta madre que te parió.