4 abr. 2012

Pasional

Por Horacio Sacco

¡Puta!, le dije nueve veces. Y nueve veces hundí el cuchillo de cocina, chiquito pero juguetón, en su carne blanca.

Nueve veces el ruido seco del acero pollerudo. Cuchillito acostumbrado a tiritas de zanahoria, hambriento de entrañas.

El olor espeso de su sangre caliente; su voz, ¿se dice atormentada? Me mordiste el dedo, puta, me mordiste.

¿Por qué no diez? No sé, pero al llegar a nueve dije basta. ¿Pensar?, no lo pensé, o sí, qué sé yo.

Me dijo hijo de puta, no llegó a terminar, hijo de put, y ahí le encajé la primera en la garganta.   

Le rompí la cadenita que le regalaron para el cumple. Es de Géminis. Me mordió un dedo, me dejó la marca.

La otra se la dí en la teta. Después en las costillas, ¿el corazón?, no sé, alguna capaz que se la dí ahí.

Le até las manos con el cable de la plancha. Lo corté de un tajo, y eso que era grueso. Estaba afiladito el chiquitín.

Le dí una trompada y la tiré al piso. Puteaba y pataleaba la perra. No gritó mucho, para no despertar a los vecinos.

Me le senté encima, me puteó, le tapé la boca y le dí, le dí, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, el culo te abrocho.

La sangre tiene olor feo, o será la cocina, no sé, había cerca un tacho de basura color verdecito, como sus ojos.

Esos que apretás el pedal y levantan automáticamente la tapa, ¡ping!, como que te saludan.

Como que te invitan a que los llenés, que se la pongás en la boca. Son graciosos. Vos también eras graciosa, a veces.

Haceme tuya me dijiste, caliente, llename de vos, ¿no te acordás? Un 23 de abril, a las 4 y cuarto de la tarde.

Quiero llenarme de ti, de mí, de nosotros cuando éramos ¿se puede decir felices? Boba, ¿tanto te pedía?, ¿tanto?

Solo que me quieras un poquito. Al lado había una escoba mugrienta.

El tacho estaba repleto, habrán hecho ensalada –pensé-, por las hojas marchitas de lechuga en el piso.

No acertaste, nunca acertaste una, puta. Nunca, nada.

La sangre ahora sale a chorritos, disparada, primero es roja, después, al ratito, se pone negra. Va a costar limpiar.

Siento las rodillas mojadas, parece Mar del Plata, las olas y el viento, sucundún, sucundún.

Fuiste mía un verano, solamente un verano, la remerita de Bob Marley que te compré en el Once te marca los pezones.

Ibamos empapados por la lluvia, nos gustaba la lluvia, caminar despacito, comer alfajores, cantar.

Besarte hasta que el mundo suspenda la función, escapar a un lugar sin ayer, sin lunes ni martes. Solo de domingos.

Nada, nadie más que vos y yo. Si me hubieras querido, querida, no digo mucho, un poco, ¿tanto te pedía?

Tu pelo está empapado. Me gustaba acariciarte dormida. Peinate como a mí me gusta, te decía, y me hacías caso.

Todo para un costado, cosita linda. Te dí todo y no me diste bola, ¿se dice desagradecida?

Recontra jodete, puta. ¿O no te acordás cuando me decías soy tu puta, tu putita, tu putitita?

¿O no te acordás cuando me decías pedime lo que quieras mi amor?

¿O no te acordás ahora de todo eso? ¿O no era yo tu amo y tu señor?

¿O no era yo tu propietario y tu inquilino?

¿O no era que habías nacido para mí?

¿O no era que decías ahora tenés departamento, un lindo perro y una mujer que te ama?

Tenía. ¿No ibas a cumplir todos mis sueños, putitita mía?

¿No era que te miraban y te deseaban todos pero eras solo para mí?

Nueve, no sé por qué no diez, nueve, el culo te llueve. En una de esas perdí la cuenta.
Tantas cosas perdí. Vacío de perder. Perdí el laburo, perdí el departamento, te perdí. 

Todas mis cosas perdí, hasta el perro.

Lo agarró un colectivo cuando lo saqué a pasear por la avenida, a la nochecita, qué querés, era un perro boludo.

Qué me vas a cuidar, si no sabés cuidar un perro, me dijiste, perra. Decimelo ahora, dale, decimelo ahora.

Decime ahora que querés otra vida, decime ahora que querés a otro, decime ahora que jamás vivirías conmigo.

Decime ahora que nunca tendrías un hijo conmigo, que soy un inútil, un infeliz, que no sirvo para nada.

Decime que te cagué la vida, guacha, puta, vulgar.

Soy tuya me dijiste un 14 de mayo, a las 6 y media de la tarde. Te tomé la palabra. Estaba nublado y vos eras luz.

Pero no cumpliste. No me creíste. Nunca creíste que te amaba. Nunca, nadie creyó en mí, nadie, nunca, mi vida.

Todo lo perdí, qué querés, algo había que hacer. Mía o de nadie.

La seguimos en el cielo, mi amor, la seguimos en el cielo.


[Este texto se presentó en el concurso de cuentos del Grupo 23 convocado en diciembre de 2011. La característica novedosa del concurso fue que debía enviarse en mensajes (tweets) diarios en Twitter, que como el mundo sabe o debería saber, están limitados a 140 caracteres. Como el texto no llegó ni a octavos de final lo publicamos. Horacio Sacco, 4 de abril de 2012.]