5 sept. 2017

Incendio y muerte en la terminal ferroviaria de Once

"Un hombre en situación de calle falleció al incendiarse la cabina en desuso del tren Sarmiento en la que dormía, ubicada en una zona subterránea de maniobras de la estación Miserere. El hecho ocurrió anoche y hasta la madrugada fueron suspendidos los servicios de ese ferrocarril y del subte A. La víctima fue retirada del lugar alrededor de las 3 de la madrugada y fue llevada a la morgue judicial. Las causas del incendio aún no fueron determinadas y son investigadas por el Juzgado Federal 5, secretaría 9."

Hasta acá la noticia, cansina y burocráticamente presentada, incluso por un diario progre, con aburrida indolencia. Dicen que las causas del incendio serán investigadas. Entonces imagino a unos cuantos funcionarios, peritos y curiosos mirándolo todo, como si entendieran, como preguntándose dónde empezó la desgracia, cómo fue que vino un fuego feroz e inmisericorde a arrancarle la vida a un ser humano. ¡A un indigente! Porque así llaman a las almas baldías. A los que carecen de todo. A los que no tienen ni siquiera un lugar donde caerse muertos. Porque en el capitalismo donde todo se compra y todo se vende quedan absolutamente fuera, expulsados, echados, arrojados a la intemperie material y social, golpeados, violados en su dignidad y respeto, aquellos que no tienern nada para comprar ni nada para vender. Ni siquiera una miserable fuerza de trabajo para chuparle la plusvalía como vampiros golosos y angurrientos. Sus inútiles vidas no valen una mierda.

Se preguntan de qué murió ¿De qué va a morir? De capitalismo. De eso murió.

5 de septiembre de 2017.

1 sept. 2017

66

Cuando era chico en casa no había televisión y todavía no existía internet. El colmo de la tecnología, para un pibe de 10 años, era la radio portátil a transistores. Yo trabajada de cadete y pibe de los mandados y me había comprado mi propia radio. Jamás volví a sentir tanto salvaje orgullo, vanidad y alegría como por la propiedad de aquella radio chiquitita. Ni siquiera con la flamante laptop Lenovo con Windows 10 que me acaba de regalar mi novia eterna. En el pueblo chato donde vivía no había edificios altos, pero nos cubría un inmenso cielo infinitamente azul, donde de vez en cuando aparecía una estela recta, larga y blanquecina. Era "el comecuatro", un avión a chorro que, por supuesto, despertaba ardientes sueños de volar y de asaltar el cielo. Poco después, cuando ya no era tan pibe, la estela del avión, presagiando otras desgracias, desapareció para siempre del firmamento para anidar en la memoria. Y ahí se quedó durante 50 años, hasta que durante una larga charla con un exiliado, esas charlas mansas y melancólicas sin apuro de sábado a la tardecita con café, tabaco y un buen malbec, el comecuatro aterrizó de golpe en el presente. Resulta que el amigo, que hace 40 años vive en Suecia pero de vez en cuando cae por Buenos Aires, también había pasado la infancia en un pueblo de llanura, y también había avistado con ojos de asombro al comecuatro. Ahí me enteré que no era "comecuatro" sino Comet 4, un avión inglés a propulsión con motores Roll Royce que volaba a 12.000 metros de altura que apareció hacia fines de los 50 y reinó durante toda la década del 60. Aerolíneas Argentinas compró varios, uno fue secuestrado en 1970 en Miami para dirigirlo a Cuba. Era un avión moderno, seguro y prestigioso, hasta que a principios de los 70 se produjeron casi simultáneamente una serie de mortales accidentes alrededor del mundo, y entonces el Comet 4 dejó de fabricarse y de volar, Aerolíneas vendió los últimos en 1972. Claro, todo esto lo aprendí en parte de mi amigo y en parte de Google, el sabihondo laborioso.

Deduje que el Comet 4 y aquellos irresistibles sueños de volar podían ser una fabulosa y terrible parábola de nuestra generación diezmada, al decir de Néstor.

Disculpen la tristeza, pero siempre dije que si tuviera la mágica oportunidad de volver a nacer, no haría como dicen los jactanciosos que se regodean con la respuesta típica "haría lo mismo que hice". Yo haría todo, pero todo, todito, totalmente distinto, sin dudarlo un instante. Por empezar no hubiera ganado aquellla maldita carrera de espermatozoides que me trajo a la vida... no lo tomen en serio, es un chiste estúpido que siempre regresa en esta fecha. Porque hoy hace exactamente 66 años que vine al mundo a los ocho meses bajo la luz de Virgo, durante una espeluznante tormenta de Santa Rosa. Como Marcial, el de Cafetín de Buenos Aires, aún creo, aún espero. Aunque esté jubilado y en camino, eso sí, desganado y sin apuro, al cementerio de elefantes. Tal vez como Marcial aún creo y espero porque hay seres que merecen amor, porque hay libros para descubrir, películas para ver, semillas preñadas de colores que esperan florecer para alabar el maravilloso prodigio de vivir. Pero, lástima, ningún venturoso comecuatro dibuja una estela en un cielo profundamente azul, ni despierta ardorosos sueños de volar, en un país de cielos grises donde reinan y bailan muy orondos ceos, ricachones egoístas, gatos dañinos y mucha, muchísima gente de mierda. Por ahora.

Y Santiago Maldonado sin aparecer.

1 de septiembre (con p) de 2017.

27 nov. 2016

Hay golpes en la vida, tan fuertes


Cuando era adolescente y me creía poeta, en las noches de desvelo escribía poemas aurorreferenciales, mediocres y olvidables. La vida me ha enseñado que entre ser un buen lector y un mal poeta es mil veces preferible lo primero. Ayer me anoticié a la madrugada de la muerte de Fidel (1926-2016), y ya no pude dormir, creo que esta noche tampoco. Son los heraldos negros, escribió Vallejo, un pan que en la puerta del horno se nos quema. Yo no sé.

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

César Vallejo, 1918

12 oct. 2016

Libretita

Wittgenstein

De lo que no se puede hablar lo mejor es dejar que lo diga otro.

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Pesimismo

Nunca imaginé que la vida sería esta porquería.

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Viva!

Solo se exalta lo que escasea, como amor o libertad.

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Pareja perfecta

A ella no le interesaba el sexo, él era impotente.

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Ultimátum

Combatiremos con todas a las armas a quienes no acepten los acuerdos de paz.

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Jubileo

Hoy ingresé al cementerio de los elefantes, hoy me jubilé.

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Fe

Nunca creería en dios, si es que existe.

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Teogonía

La misión no asumida de la Humanidad en el Cosmos es estar al reverendo pedo.

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Palabrerío

Más allá de las palabras solo hay más y más palabras.

18 sept. 2016

Futuro

Entonces lo veía.
Mis ojos eran frágiles y nuevos
como una placa de escarcha transparente.
Lo veía,
escandalosamente luminoso.
Yo creí que el futuro sería grandioso,
magnánimo, noble y generoso.
Resultó mezquino y miserable.
Una mierda,
una verdadera mierda.

11 ago. 2016

Urgencia de Primavera

Tal vez fue una semilla pasajera del viento. Tal vez alguna mano descuidada. O la travesura de un ángel jardinero. Hace tres años ha brotado en un balde de pintura con tierra, entre un montón de pasto anónimo y gris, un arbolito huérfano de padre y madre. Vertical como un grito, verde como un sueño. Me dijeron que era una morera. Perdida. Guachita. Sin futuro. La morera no me ha pedido cuidados especiales. Tampoco le importa si no tiene futuro. Solo quiere que la dejen vivir. Apurada por abrazar el cielo alcanza casi los dos metros. Ignora, como yo, de árboles y suelos, de botánica y química, de lógica y política. Sin saber ni pedir nada crece, crece. El verano pasado fue madre primeriza: parió unas moras chiquitas y abundantes, sabrosas y salvajes. Mirala vos, la que no tenía futuro. La morera ignora todo, pero se sabe las estaciones de memoria. Y dice que no ve la hora que sea primavera. Tal vez tenga razón. Ha sido un invierno demasiado largo.

13 jul. 2016

Desencantamiento


Empecé a interesarme por el lunfardo escuchando a Juan D'Arienzo con Alberto Echagüe y no entendía un carajo, hace décadas. Solo mucho después me enteré que era un lunfardo forzado, artificial y comercial, inventado ad-hoc. Pa' la gilada. No era lunfardo sino pura cáscara. Me pasó con intelectuales y escritores largamente admirados, hasta que les conocí el paño, como Beatriz Sarlo o Martín Caparrós. Es como cuando creiste que estabas enamorado y después caiste en cuenta que solo estabas caliente.

Polimeni acaba de pasar una versión modernosa de la recontra junada Tonada de un viejo amor. Como tantas otras cosas en la vida, fue la primera vez que presté atención profunda la letra. Es muy poética, viniendo de Jaime Dávalos no podía ser de otra manera. Pero la historia es la de un cursi, pasajero y boludo amor de verano.