11 ago. 2016

Urgencia de Primavera

Tal vez fue una semilla pasajera del viento. Tal vez alguna mano descuidada. O la travesura de un ángel jardinero. Hace tres años ha brotado en un balde de pintura con tierra, entre un montón de pasto anónimo y gris, un arbolito huérfano de padre y madre. Vertical como un grito, verde como un sueño. Me dijeron que era una morera. Perdida. Guachita. Sin futuro. La morera no me ha pedido cuidados especiales. Tampoco le importa si no tiene futuro. Solo quiere que la dejen vivir. Apurada por abrazar el cielo alcanza casi los dos metros. Ignora, como yo, de árboles y suelos, de botánica y química, de lógica y política. Sin saber ni pedir nada crece, crece. El verano pasado fue madre primeriza: parió unas moras chiquitas y abundantes, sabrosas y salvajes. Mirala vos, la que tenía futuro. La morera ignora todo, pero se sabe las estaciones de memoria. Y dice que no ve la hora que sea primavera. Tal vez tenga razón. Ha sido un invierno demasiado largo.

13 jul. 2016

Desencantamiento


Empecé a interesarme por el lunfardo escuchando a Juan D'Arienzo con Alberto Echagüe y no entendía un carajo, hace décadas. Solo mucho después me enteré que era un lunfardo forzado, artificial y comercial, inventado ad-hoc. Pa' la gilada. No era lunfardo sino pura cáscara. Me pasó con intelectuales y escritores largamente admirados, hasta que les conocí el paño, como Beatriz Sarlo o Martín Caparrós. Es como cuando creiste que estabas enamorado y después caiste en cuenta que solo estabas caliente.

Polimeni acaba de pasar una versión modernosa de la recontra junada Tonada de un viejo amor. Como tantas otras cosas en la vida, fue la primera vez que presté atención profunda la letra. Es muy poética, viniendo de Jaime Dávalos no podía ser de otra manera. Pero la historia es la de un cursi, pasajero y boludo amor de verano.

6 jun. 2016

Revolución

El olor del pan caliente, del pasto mojado, de la albahaca, decía yo entre vinos y empanadas flacas en una ronda de borrachos en la villa, de madrugada. Eramos poetas, o queríamos serlo. Poetas suburbanos, pequeños burgueses de orientación marxista, como decían los textos sagrados. Los olores de la infancia siempre vuelven, dijo uno, nostalgioso. Mi infancia tenía jazmines, dijo otro, en pedo. El único villero, nacido y criado allí, dijo que el olor de su infancia era el olor a podrido de la zanja y que por suerte no sentía ninguna nostalgia. Por supuesto, no hicimos la revolución.

24 oct. 2015

Gratitud

Entiendo el malestar de Horacio González, a quien respeto y admiro, un referente intelectual ineludible de mi generación. Lo entiendo y lo comprendo. El alma no se contenta con una buena gestión. Con ese propósito voté, por primera vez, al Tío el 11 de marzo de 1973. Fui oficialista durante 3 meses hasta que Cámpora fue desplazado del gobierno por el mismo oficialismo, para que asumiera el General. Sin embargo por esas difíciles razones que hacen del peronismo un movimiento, y otras veces un entramado político inexplicable para foráneos, gorilas, maoistas y trotskistas, también fui oficialista hasta que se murió el general. Luego vino la decandencia derechista de López Rega e Isabel y después la noche de la dictadura, todo prolijamente regado con un perfecto baño de sangre. En el 83 voté a Luder, en el 89 a Menem, en el 95 a Bordón, en el 99 a la Alianza. Cualquiera diría qué camino extraño, sin embargo, si se lo mira bien, con cierta coherencia intelectual y generacional. En el medio hubo elecciones legislativas y de contituyentes, en ninguna fui oficialista, solo voté. Hasta que me sorprendió el discurso de asunción de Néstor, a quien honestamente voté críticamente y sin conocerlo, solo para que no ganara la rata liberal. Pero el 25 de mayo de 2003 me enamoré del Flaco para siempre. El viento fresco del sur le dió sentido a la lucha de los organismos de derechos humanos que por años y años venían clamando casi en soledad. Señaló a los asesinos de los compañeros. Cómo no enamorarse. Estuve entre la multitud cuando Néstor y Cristina salieron del Congreso y se dirigieron a la Rosada. El Flaco sacó la mano del auto, me miró y me saludó. A mí, un perejil. Siento de corazón que me saludó a mí y mi compañera. Quizás todos los que estábamos ahí sentimos lo mismo. Néstor nos interpelaba y nos convocaba uno por uno. Hablaba por nosotros. Era nosotros. Aparte de la inentendible culpa de estar vivos los setentistas llevábamos el estigma de marginales y de estar políticamente equivocados. Con Néstor y Cristina los que venimos del peronismo de izquierda, los equivocados, los loquitos, la generación diezmada, dejamos de ser parias de la política. Los díscolos y los escarmentados volvimos a tener protagonismo histórico. Pase lo que pase en el futuro personalmente me doy por satisfecho. La anomalía kirchnerista ha generado algo sorprendente que quizás solo pueda explicarse correctamente en el futuro. En nuestro ya tirando a veterano corazón todavía chispea la llamita de la liberación. Y si me apuran, de la revolución y la patria socialista. ¿Anacronismo? Quizás. La revolución es un sueño eterno. No nos alcanza una buena gestión. Por eso lo entiendo a Horacio González. Pero una buena gestión, un Estado presente y una más justa distribución de la riqueza es un buen comienzo. Y si no iremos a clamar y reclamar. Los setentistas nos estamos poniendo viejos, pero hay una pila de jovenes que levantan las banderas con admirable y envidiable alegría. El futuro. Que ellos recorran su propio camino. Y juremos con gloria vivir.

12 jul. 2015

Un Papa populista


Ya se ha ganado la altiva desconfianza, la opinión maliciosa, la burla maligna y el sarcasmo de la prensa al servicio de los intereses de los oligarcas.

Ya se ha ganado la mirada torcida y la jeta fruncida de los copetudos de la Iglesia de la opción por los ricos.

Ya se ha ganado el indisimulable odio de los ignotos fiscales del dogma que lo tildan de populista, como si fuera un insulto.

Pero quizás por todo eso, también se ha ganado el respeto de este ateo.

20 sept. 2014

El caballito

Por Iván Diez

“Un cabayo, compá”, -dijo la hijita-.
El drepa, campaneándola angustioso,
por más que pretendía hacerse el oso,
lloraba al encontrarse ya sin guita.

La yeta lo tenía medio loco.
Estaban por piantarlo del convento.
¿Comprarle un cabayito? ¿Con que vento?
Si apenas le quedaba pa'l marroco.

“Yo quelo un cabayito” -continuaba-.
Entonces, besuqueando a la que hablaba,
rajó de su bulín pegando un grito.

Y el pobre, no canchero y poco rana,
a los veinte minutos iba en cana
por haberse afanado un caballito.

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convento= conventillo
vento= dinero
marroco= pan
rana= experimentado, habilidoso

4 sept. 2014

Lágrima


Si conoceré yo esa lágrima.
Redonda. Vertical. Perfecta.
Con urgencia de abismo como mariposa de ala quemada.
Silenciosa. Viviente.
Si la conoceré.
¿Cuántas desgracias puede soportar una persona?
Muchas. Infinitas. Treinta mil.
Si la conoceré, oscura como ojera de carbón, perenne como brasa de lapacho, agria como un remordimiento inapelable.
Si la conoceré.
Palpitante, acechante, emboscada, traicionera, escondedora, impune, guardadadora, ingrata.
¡Qué lágrima señor!
La que vuelco no por vos, que moriste de muerte naturalmente joven y admirable,
sino por la vergüenza de estar vivo.